Kshitigarbha: Inspiración y Dharma en la prisión

kshitigarbhaEn agosto de 2006, hojeando una revista de circulación interna de la Orden Budista Occidental, tropecé con un anuncio que captó de inmediato mi atención: “Se donan estatuas de Kshitigarbha”.

Años atrás había escuchado hablar por primera vez de Kshitigarbha gracias a Parami, la entonces directora del Centro Budista de Valencia, mientras trabajábamos juntos en la tienda Evolution. Su nombre me fascinó al instante y, movido por la curiosidad, comencé a recopilar información y representaciones visuales de esta figura enigmática y, hasta ese momento, desconocida para mí.

La compasión que atraviesa muros

Kshitigarbha es un Bodhisattva: la encarnación misma de la compasión infinita del Buda hacia los seres que sufren, especialmente hacia aquellos que, atrapados por sus acciones pasadas, atraviesan los mayores tormentos en los infiernos. El corazón de Kshitigarbha palpita con el voto inquebrantable de erradicar todo el sufrimiento del infierno, incluso si tuviera que hacerlo solo y aunque esa labor le tomara una eternidad. Si tan solo pudiéramos atisbar la profundidad de un corazón así, la pesada estructura de nuestros egoísmos temblaría hasta derrumbarse, para no reconstruirse jamás.

Recuerdo que en la tienda manteníamos siempre una pequeña imagen suya cerca de la caja registradora. En los momentos en que la fatiga o las emociones negativas amenazaban con invadirnos, nos bastaba con mirarla para resintonizarnos con la perspectiva de nuestro trabajo espiritual.

Historia de un voto: De Taiwán a la cárcel de Picassent

Así que, al leer aquel anuncio donde se ofrecían las estatuas, no lo dudé: envié de inmediato un correo solicitando una. Sin embargo, el proceso no iba a ser tan sencillo. Quien coordinaba la distribución de las 241 estatuas de bronce residía en Estados Unidos, en el marco de un proyecto concebido originalmente por un monje en Taiwán y financiado por la generosidad de la comunidad budista taiwanesa.

Para optar a una de las estatuas era necesario cumplir tres requisitos:

  1. Ser practicante budista.

  2. Ser de origen occidental.

  3. Formular un voto.

Para un practicante, hacer un voto no es algo trivial: es un compromiso irrevocable, una promesa sagrada en la que uno empeña todo su ser para cumplirla. Deseaba tanto recibir la rupa (estatua) que no dudé en dar el paso.

Como muchos de vosotros sabéis, formo parte de un grupo de voluntariado que cada viernes acude a la cárcel a enseñar meditación y compartir el Dharma. Así que mi voto fue claro y directo: “Cada vez que vaya a la prisión, recitaré 21 veces el mantra de Kshitigarbha”.

(Su transliteración en sánscrito es: Om Kshitigarbha Bodhisattva Yah).mantra de Kshitigarbha en sánscrito

Tras aceptar mi compromiso y tras una larga e impaciente espera mientras la estatua cruzaba el océano por barco, finalmente Kshitigarbha llegó a mis manos.

Al presentar la rupa a los compañeros del equipo de prisión (Saddhakara, Abhayaka, Samudra, Dharmakirti, María José, Susan, Ine, Alexis y José Enrique), se produjo un momento hermoso: de forma unánime, todo el grupo decidió adoptar el mismo voto. Desde entonces, cada viernes, antes de cruzar los muros de la cárcel, recitamos juntos el mantra 21 veces.

Aquel gesto transformó nuestra labor. Desde ese día, instituimos al Bodhisattva Kshitigarbha como el guardián, la guía y la gran fuente de inspiración de nuestro trabajo con los internos en la prisión de Picassent.

Dharmakirti
Co-autor de libro "Kindfulness" y "Esas cosas que llamamos compasión"

Foto de nuestra tienda de regalos éticos "evolution" en Calle Jorge Juan, cerca del Mercado Colon.

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